miércoles, 12 de marzo de 2014

MUJERES BICI-BLES, HONRAR EL PASADO, CAMBIAR EL PRESENTE Y EMPODERAR EL FUTURO

Un grupo de mujeres que usan la bicicleta como medio de transporte es una respuesta y un reto para las dinámicas de movilidad en la ciudad y es también un desafío en el cambio social y en los roles de la mujer.

Sudar, despeinarse, cuidar el maquillaje, soportar el cansancio propio de las cuestas, el calor, el frío, la lluvia, el vestido, la falda, los tacones, superar el miedo, mantener el estatus, el qué dirán… Todos y cada uno de estos prejuicios son simples excusas plenamente superadas cuando son ellas, las Mujeres Bici-bles, quienes toman la decisión de usar la bicicleta como medio de transporte y suman esfuerzos con otros colectivos de chicas empoderadas con esta alternativa de movilidad: la bicicleta.

Grandes transformaciones sociales han tenido que ver con el uso de la bicicleta como medio de transporte. Por ejemplo, la lucha por la igualdad de los derechos de hombres y mujeres y la emancipación femenina.

Los 3 minutos obligados de historia

Soñada en el Renacimiento, inventada a finales del siglo XVIII, perfeccionada en el XIX y muy usada desde el siglo XX, la bicicleta (otrora velocípedo) ha sido y es el símbolo que representó la necesidad de cambios sociales y la lucha de las mujeres por el derecho al voto y tuvo una fuerte incidencia en la historia de la emancipación femenina (finales del siglo XIX), por ser el primer vehículo al que ellas accedieron y que, además, les proporcionaba una libertad de movimiento mayor que cualesquiera otras formas de transporte.

Sin embargo, no fue nada fácil para las mujeres de la época usar la bicicleta por varias razones. Además de ser ridiculizadas y señaladas por una sociedad machista al hacerlo, también se llegó a creer que usarla podía causar daños físicos, como esterilización, caída del útero y hasta aborto y, morales, porque inducía a la depravación por generar excitación sexual[1] y perjudicar la unidad familiar al permitir que una mujer desertara del hogar y se moviera por su cuenta.

No obstante, un evento determinante para el uso de la bicicleta fue su evolución tecnológica, especialmente el desarrollo de la cadena y el uso de llantas de igual tamaño (finales de 1870) disminuyó el esfuerzo del pedaleo, permitió mayor seguridad de circulación y le dio al velocípedo un diseño más rápido, estable y que, hoy día, es la base para el diseño de bicicletas. Todos estos factores hicieron de la bicicleta una máquina al alcance de todos, incluyendo a las mujeres.

La bicicleta, entonces, le permitió a las mujeres conquistar la autonomía necesaria para viajar libres, sin depender de un compañero, alcanzar distancias mayores a las de su localidad, conocer otros paisajes, tener conocimiento de su cuerpo y apoderarse de la bici como una herramienta de alto poder personal y político.

Annie Cohen en 1894, una mujer inmigrante judía lituaniana con tres hijos, fue la primera mujer en recorrer el mundo en su bici y, en ese periplo, ganar 10 mil dólares[2]. Dos años más tarde, Susan B. Anthony, líder feminista norteamericana y también ciclista urbana, dijo en una entrevista para el NewYork Sunday World: “la bicicleta es el objeto que más ha contribuido a la emancipación de la mujer que otra cosa en el mundo. Le da a la mujer la sensación de libertad y seguridad en sí misma. Cada vez que veo una mujer manejando una bicicleta me alegro, porque es la imagen de la libertad”[3].

Sin embargo, el desafío social que provocó el uso de la bicicleta como medio de transporte también implicó un cambio en la vestimenta de las mujeres, por ser incómoda para el pedaleo. Las largas faldas victorianas se convirtieron en pantalones-pollera o bloomer, se liberaron del opresivo corsé, algunas dejaron atrás los vestidos y llegaron a usar ropa de hombre, todo con el objetivo de encontrar los atuendos apropiados para la movilidad de su cuerpo.

Así fue como esa “nueva mujer”, porque así fue llamada, con cambios en su indumentaria, con la posibilidad de recorrer grandes distancias en bicicleta y de encontrar otras opciones de vida además de ser esposa y madre de alguien, se vieron como igual ante los hombres, transformaron los roles de ellas en la sociedad y provocaron, en el escenario público, un verdadero desafío social y un compromiso con sus derechos.

La bicicleta, entonces, fue el vehículo de cambio y de transformación para las mujeres y, por encima de toda la vulnerabilidad en sus derechos políticos, económicos y sociales de la época, alcanzaron la emancipación subidas en una bicicleta. María Pognon, presidenta de la Liga Francesa de Derechos de la Mujer, afirmó que “la bicicleta era un instrumento igualitario y nivelador que ayuda a liberar a las mujeres”[4]. Y decía su compañera de lucha, Elizabeth Stanton, “las mujeres viajamos, pedaleando, hacia el derecho de voto”[5].

En el libro, “A wheel within a wheel: how I learned to ride the bicycle”, publicado en 1885 en Estados Unidos, la sufragista Frances Willard y defensora de los derechos igualitarios de la mujer invitó a las mujeres de la época a superar las barreras sociales[6] y a hacer de todo, Do everything, como lo señalaba su famoso slogan. Las motivó, entonces, a que se involucraran con prácticas que desafiaron el modelo de los roles de la mujer y a usar la bicicleta como una manifestación política de libertad.


El caso de Bucaramanga

En Bucaramanga, en general, la bicicleta está prohibida. Basta con hacer inventario de las más de cincuenta señalizaciones que prohíben su uso. Sin embargo, en el papel, no está prohibida y, al parecer, hay rubros destinados a garantizar su circulación. También pasa que en Bucaramanga la bicicleta es usada, en su mayoría, como vehículo recreativo y deportivo, en ciclopaseos y pedaleadas, como un plan de divertimento. Pocos la usan como alternativa de movilidad y forma de vida. Sin embargo, algo está cambiando.

La buena noticia es que hay cada vez más personas que la usan para ir al trabajo, para ir al estudio, para la cotidianidad. Y, lo mejor, es que cada vez se ven más mujeres encontrando su autonomía y libertad en una bicicleta, en la calle, pedaleando a sus lugares de estudio, especialmente.

La bicicleta es un tablero, una esfera, un mandala, una forma de organización no jerárquica, un sistema de correspondencias, dos ruedas vivas. El pensar de un ciclistas es pedalear y su pasar es pedale-arte, porque la bicicleta es una tecnología revolucionaria y el que la entienda y la arme se va revolucionando hasta volverse un ciclótico.

Por no constituir una población homogénea en ocupaciones, edades, clases sociales, ni oficios, las mujeres de este colectivo pedalean no solo en las salidas de fines de semana con amigos y familia, o en los recorridos urbanos en bicicleta que organizan por las comunas de Bucaramanga, sino que también han hecho de la bicicleta su principal medio de transporte, representando, ellas, un amplio espectro de estilos de pedalear, motivaciones para su uso y formas de independencia.

Mujeres Bici-bles cuenta con miles de seguidores en redes sociales y un historial de eventos de casi un año. Han creado una poderosa voz y nueva presencia en la ciudad y en la discusión pública sobre alternativas de movilidad limpias para Bucaramanga.



¿Por qué las mujeres deben usar la bicicleta?

Para nadie es un secreto que el ciclismo es una práctica positiva para la salud, individual y colectiva. Sin embargo, que las mujeres sean quienes pedalean y se unan a estos movimientos sigue provocando cambios en la sociedad, dejando una huella positiva en las siguientes generaciones, por ser un medio poderoso de libertad y empoderamiento.

Ellas, además, ejercen una tensión social muy fuerte porque quieren sentirse a salvo en las calles y seguras de sus capacidades, lo que puede provocar cambios socialmente significativos. El uso de la bicicleta, además, fomenta un re-conocimiento del espacio, del cuerpo y de la autonomía y una inigualable experiencia de libertad.

Así también asegura Sofía López, del colectivo pro-bici Macleta, de Chile, “la bicicleta, más que un fin en sí mismo, se convierte en un medio. Una mujer que empieza a andar en bicicleta está más contenta, está consciente de su espacio público y lo quiere ocupar, interactúa con otras personas, promueve el empoderamiento y eso nos permite avanzar en justicia, porque en bicicleta somos todos iguales y nos movemos iguales”[7].

Ahora, la pregunta: ¿pedaleamos?

Mira el video promocional de la  #RodadaDeAltura2014 (clic).




[1] André Schetino, 2009, A bicicleta, o ciclismo e as mulheresnatransição dos séculos XIX e XX, Revista de Estudios  Femeninos. vol.17, Universidade Federal do Rio de Janeiro, pp 118
[3] “Champion of Her Sex,” New York Sunday World, 2 February 1896, p. 10.
[4] André Schetino, 2009, ibíd. , p 112
[5] Galeano, Eduardo. Los hijos de los días. “Julio 19”. Siglo XXI, Buenos aires, 2012 página 84.
[6] Frances Willard, 1885, A wheel within a wheel: how I learned to ride the bicycle, Fleming H Revell Company, New York, pp. 80.

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